domingo, 2 de abril de 2017

"LOS DOS DE POE" de Pablo Shinji

Ficha técnica
Obra basada en los cuentos "Corazon delator" y "El gato negro"
Autor de los cuentos. Edgar Allan Poe
Autor de la versión teatral. Pablo Shinji
Actores. Marcos Marconi y Fabián Ganduglia
Asistente de dirección: Claudia Villegas
Diseño de máscaras: Oscar Villegas
Música original: Gabriel Scotti
Dirección. Pablo Shinji


Síntesis de la puesta:
En la obra, interactúan ambos cuentos del autor Poe, donde la teatralidad es a través de sus dos personajes protagonistas. 
Textos del género de terror.....donde en la puesta se busca identificar nuestra parte más oscura, mas fria, mas nefasta...
Se recomienda leer ambos cuentos antes de ver la pieza, para que los espectadores se involucren con estos personajes siniestros...incluso encontrar en ellos nuestra parte más cercana.
Bienvenidos a este nuevo espectaculo realizado por la Compañía de Actores de La Fábrica Teatral.

EL GATO NEGRO (síntesis)
En el cuento “El gato negro de Edgar Allan Poe”, se narra la historia de un personaje haciendo caso omiso de su nombre, él posee una pasión o amor hacia los animales, siendo su última adquisición, un gato al que llamó Plutón, animal por el que desarrolló un gran aprecio, pero notó que al cabo de varios años su temperamento y carácter se habían alterado radicalmente por culpa de este animal, pensamiento incitado por la superstición de su esposa. 

Una noche en la que volvía a casa completamente embriagado, le pareció que el gato evitaba su presencia y en un momento de enojo le hizo saltar un ojo con un cortaplumas como arma. 

Después se arrepintió, pero el gato se quedó sin uno de sus globos oculares. Poco después una mañana a sangre fría le pasó una soga por el cuello y lo ahorcó en la rama de un árbol, pero la noche de ese mismo día se despertó encontrando la casa envuelta en llamas, y lo único que pudo quedar en pie, fue un tabique divisorio con la imagen del gato. 

Después de un tiempo, su situación fue relativamente normal, tenía casa, mujer y proyectos para el futuro, hasta un día que encontró un gato con cierto parecido a Plutón, al que llevó a su casa; gato que llegó a odiar por varias de sus similitudes con su antigua preferida mascota. 

Un día decidió matarlo, sostuvo en sus manos un hacha, pero las manos de su esposa detuvieron su trayectoria hacia el pobre animal, pero en un momento de extrema locura y rabia le hundió el hacha en la cabeza, matando a su mujer. 

Este viendo la situación en la que se encontraba, decidió hacer un agujero en la pared, introduciendo el cadáver y tapándolo como si esta estuviera intacta, después prosiguió con matar al gato sin poder encontrarlo. 

Poco después las personas comenzaron a sospechar de la desaparición de su vecina y la policía lo incriminaba como principal sospechoso. 

En el momento de la inspección en el sótano de su casa los policías oyeron sonidos de la pared que nuestro perturbado personaje había golpeado para hacerle notar a los oficiales (torpemente por cierto) de que su casa poseía buena estructura, estos procedieron a tumbar la pared en la encontraron el gato sobre la cabeza del cadáver de su esposa.

EL CORAZÓN DELATOR (síntesis)
El relato comienza con la confesión del protagonista, que admite ser muy nervioso, pero niega estar loco. Así comienza a hablar de la víctima, a la que llama “el viejo”. No lo odiaba, ni tenía nada contra él, ni discutió con él. Sencillamente, el viejo tenía un ojo cubierto de un velo azul pálido, semejante al de un buitre, y cuya mirada le desagrada. El protagonista deseaba matar al viejo para librarse la mirada de ese ojo.
Es de ese modo como el hombre detalla de modo minucioso cómo planificó los detalles del crimen, y cómo iba todas las noches de manera muy silenciosa a ver dormir al viejo, ayudado por una pequeña lámpara. Se asomaba cada noche en la habitación, pero cada noche desistía de matarlo, porque el viejo tenía los ojos cerrados, y lo que le molestaba era la mirada del “ojo de buitre”. Todo este ritual se mantuvo idéntico durante siete noches. Durante el día, el protagonista trataba al viejo con la mayor amabilidad; incluso mayor de la que le dispensaba habitualmente.
El hombre entonces narra los hechos de la octava noche, cuando el viejo se despierta sobresaltado por la presencia de alguien en su habitación. No podía ver a nadie porque el protagonista no ha encendido la lámpara, y la habitación tenía las ventanas selladas. El asesino se queda quieto a la espera de que el viejo vuelva a dormirse, pero el anciano se mantiene sentado a la espera, sintiendo que había alguien más. El protagonista abre un poco la lámpara para ver la escena, y ve el ojo de buitre al que tanto odia. Lo que termina de precipitar los hechos, es que el asesino percibe, cada vez más fuertes, los latidos del corazón del viejo. Creyendo que los latidos despertarán a los vecinos, el protagonista termina de abrir la lámpara y se abalanza sobre el viejo que emite un grito, dándole muerte. No se especifica cómo lo mata.
El protagonista narra a continuación, muy satisfecho, cómo se deshizo del cuerpo, insistiendo en que tal labor no pudo ser obra de un loco. Explica que se ocupó de desmembrar el cadáver con mucho cuidado y sin ensuciar. Luego levantó tres tablones del piso, dejando espacio suficiente para ocultar allí las partes del cuerpo. A continuación restituyó los tablones, completando un trabajo del que no dejó huella.
Sin embargo, un vecino pudo oír el grito del viejo antes de morir, y llamó a la policía. Tres oficiales se presentaron para averiguar sobre el hecho, y el protagonista cuenta cómo los recibió, les hizo pasar y ofreció asiento. Les dijo que el viejo salió de viaje, y les mostró la habitación intacta. Los policías se quedaron unos minutos a conversar, y el asesino comenzó a percibir un rumor que lo ponía cada vez más nervioso. Dijo que el retumbar crecía en intensidad, y estaba convencido que los policías podían oírlo, pero que se hacían los desentendidos para burlarse de él. Al final, se derrumba, admite el crimen y dice dónde estaba el cuerpo, porque estaba convencido de que el rumor se debía al corazón del viejo, que aún latía debajo de las tablas.

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